Un cliente revisaba el diseño de su página web.
—Me gusta, pero haz el logo más grande.
Lo hice más grande.
—Un poquito más.
Lo aumenté otra vez.
—Todavía se ve pequeño.
Ya ocupaba casi la mitad de la pantalla.
—Ahora sí. Pero no veo los productos.
—Es que el logo ocupa todo el espacio.
—Pues haz la página más grande.
Ese día entendí que algunos clientes creen que las pantallas son de plastilina.