Un cliente me llamó emocionadísimo.
—¡Ya no necesito programadores! Descubrí que la inteligencia artificial hace sistemas completos.
—Qué bueno.
—Le pedí una aplicación para administrar mi negocio y me generó todo el código.
—Excelente, ¿ya funciona?
—No, por eso te llamo.
—¿Qué pasó?
—Me salen 843 errores cuando intento ejecutarla.
—¿Y qué quieres que haga?
—Arreglarla, pero barato, porque el sistema ya está hecho.
La inteligencia artificial le regaló el código. A mí me quería regalar los problemas.