Después de explicarle a un cliente por qué su sistema necesitaba mantenimiento, me respondió:
—No creo que sea tan complicado. Mi sobrino también sabe programar.
—Perfecto, ¿qué desarrolla?
—Todavía está estudiando, pero ya sabe cambiarle los colores a las páginas.
—Ah, excelente.
—Dice que puede hacer todo lo que tú haces por mucho menos.
—Entonces contrátalo.
Dos semanas después sonó mi teléfono.
—Oye, ¿cómo recuperamos una base de datos que borró mi sobrino?
Le dije que preguntara si también sabía cambiarle el color a los respaldos.